Cerré etapa. Cosillas imprevistas de gerencia.
Es lo que es. Puede que me relocalicen pronto (o no).
Eso es otra historia. Hoy te cuento lecciones que, si miras bien, te servirán bien con tu negocio y sus ventas.
Empiezo.
1. Siempre te la puede pelar MÁS.
El día 1 era (muy) tímido al entrar al baño de mujeres para limpiar.
El día 20 me salía el toc toc de cobrador de 2 metros y una voz más grave de la que ya es.
Por más guapa que era la chica aussie, tenía que hacerle el pare para que yo pase con toda mi artillería de limpieza.
2. Si tienes una chiqui de energía… úsala.
Cuando hay que meterle turbo, se hace.
Verás.
Los días más pesados (lluvias) he tenido que correr. Al ser el único de limpieza por turno, puff era ir de esquina a esquina.
Esa adrenalina achorada hay que usarla bien.
También equilibrarla para que me dure todo el turno (y el día).
Sino, fijo visitaba hospital.
3. Tu urgencia no es mi urgencia.
Yo le prestaría especial atención a este punto.
Pero mucha.
En mi turno, tenía un celular extra.
Allí me comunicaban emergencias.
Te cuento uno.
Un graffiti pequeño, casi invisible, en el estacionamiento… puede esperar.
No voy a autoatropellarme solo porque le están dando peso a esa «urgencia».
Respondía: «termino lo que estoy haciendo y voy».
Y una yapa.
4. Yo paro… por las personas
Aunque estaba contrareloj, paraba a charlar con la familia del puesto de Kebab, las filipinas de la panadería, la guardia de turno, las chicas indúes de la frutería y el restaurante tailandés (ahí la cocacola de regalo)
Cuando alguien, cercano o no cercano, me pide hablar (más aún si es importante) lo hago. Son mis costumbres. No las cambiaré.
Siempre me haré espacio por las personas.
Siempre guardo energía para escuchar.
Siempre.
Ahora, por la siguiente laburoventura.
Pd: Gracias gracias GRACIAS a todos del punto 4, por siempre hacerme sentir bienvenido en este país desconocido.
