Estoy viviendo en un hostel en Australia.
Nuevas caras todos los días.
Amigos. Mejores amigos. Holas y adioses.
En estos meses, el mejor momento que encontré para conocer chicas es en el desayuno.
A la mayoría le encanta dormir hasta tarde.
No es mi caso, y el de las viajeras express tampoco.
Empecé a abrir conversaciones.
Con chicas cada vez más y más guapas.
Mi yo adolescente gordito estaría confundido.
Con decirte que a las justas tenía una amiga antes de los 15 años jaja.
Lo divertido que es la vida.
Bueno.
Pregunto.
Me cuenta su vida.
Una broma por aquí y por allá.
y cuando ya hay suficiente confianza, suelto la frase.
Nada extraordinario eh.
“Por cierto, mi nombre es Fernando”
Me encanta decirlo cuando está dando un sorbo de café.
Se le abren los ojos, se atraganta, me sonríe y me dice el suyo.
Me ha funcionado mil veces mejor que preguntar directamente y sonar como radio de clase de Inglés.
Después, seguimos desayunando.
¿Está claro que la frase sola es inútil no?
Pues de eso va este rollo de vender con palabras.
A lo que este viajero fan de los desayunos se dedica.
pd: mira con cuidado y aplícalo con tus clientes.
pd2: uff esto tienes más de una aplicación eh. No puedo pensar en ninguna ahora. Mi mente está en la mañana de playa que pasé con una alemana que conocí en el desayuno.
pd3: *sorbo de café.
