Hablemos de las “últimas veces” y cómo ganar tiempo (aunque no creas tenerlo).

Julio 2023. Mi “último” cumpleaños en Tacna.

Digo porque era mi celebración antes de viajar.

¿Y sabes? El grupo original era minúsculo. A lo mucho, 5 amigos.

Eso quería. O por lo menos, eso me decía el revoltoso de arriba.

Pero cuando visualicé de verdad que no vería a mis amigos en mucho tiempo, escribí mensajes.

Nada masivo de copia/pega.

Eso está bueno para los que creen que hacen marketing.

Escribí una invitación de verdad.
Algunos los mandé la misma mañana de la reu.

Algunos no pudieron. No pasa nada.

Eso sí.

Mi casa es pequeña. Faltarían sillas. Y comida. Y trago. Y espacio.

Lo resolveremos. Solo quería mancha por ser la “última”.

Y uff.

Fue de mis mejores noches.
Mi casa fue un mini antro con zonas de fumar, parrilla, comedor y licor.

A la medianoche, todos me rodearon. El famoso queque de mi mamá al centro, cubierto en manjar blanco.

Después del canto, terminé con los labios embarrados, como si hubiera comido un alfajor de golpe.

Mientras más compartía, más olvidaba que era la última.

Mientras más ponía de mi parte en pasarla bien que pensar que no los vería por más de un año, la frase se hacía débil.

Y cuando se apagó, fue cuando la pasé de putamadre.

Porque te digo algo.

Pensar que era la última, me bajoneaba.
Y es que además… ¡ERA MENTIRA!.

Imposible saber si era la última.

En un video de Monge Malo menciona que la vida no es una caja de bombones, sino una de mentas.

Que sí, es una imagen poco guapa, pero es más fiel.
Porque nunca sabes cuál es la última.

Desde entonces, pienso esto: hoy es el mejor momento.

En Perú. Australia. Brisbane. Lima. Tacna.
Aquí, mientras escribo este post.

Este es el mejor momento.

Eso de “vive como si fuera la última vez” jode.

Cuando lo suelto, gano tiempo.
Solo así, mi tiempo es infinito.
Así, hasta la siguiente menta.

Y esta menta vino con sabor a alfajor.

¿Cómo fue tu última «menta»?

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