
«Che, nos invitaron a cenar. Paso por ti mas tearde»
Quedamos en el estacionamiento. Caminamos. En el desierto, todo es caminata.
Hoy no cocinamos. Hoy, nos cocinan.
Mi querida che llegó solo 3 días antes. Empezó nuevo laburo. Por alguna extraña razón, decidió hacerme caso y se vino al desierto australiano conmigo.
Yo llegué primero. Ella, un mes después.
Buonasera maaaate
La última ves que visité a Eugene, la casa era lo más parecido a la casa de universitario de primer año. Sofá, mesa, y una tele sobre la mesa. Ahora, habían dos mesas más. Con manteles. Y cuadros. Y alfombra.
Y en las dos mesas con manteles, dos bandejas de lasagna.
Después de esperar al resto y la flaca se integró a la familia, la vi.
Ese momento antes del primer bocado. Antes de cenar. Vi su rostro. Iluminado. Esa amiga que me hizo caso, salió de la granja, y tomó un vuelo al medio de la nada. Esa amiga, brillaba.
No más horas bajo el sol quitando malezas.
No más palas.
No.
Ahora, solo cenas italianas, sangría y aire acondicionado.
Después de verla, decidí lo que quería hacer el resto de mi vida.
Debería hablarte de mis valores y visión y misión.
Soy alguien muy simple y tranquilo.
Así vivo y continuaré viviendo.
Simple y tranquilo.
Y si puedo traer más gente a ese terreno, por la atrevida decisión de seguirme, hay cenas italianas y aire acondicionado para ti también.
En mi primer año en Australia, mi cuenta bancaria llegó a cero.
El año dos, pasé las cinco cifras.
¿Mucho? ¿Poco? Por lo menos no era cero.
Este tercer año, no era quien buscaba soluciones. Ahora las creaba. Era quien miraba con mente calmada. Miraba oportunidades donde nadie más veía. Oportunidades que dan riqueza.
Riqueza en dinero, claro.
Ahora a mí me pedian consejos.
Viajero que recién lelgaban aquí, perdidos, les resultaba extraño mi mirada.
¿Cómo me puede ir tan bien?
Al ver su rostro, sentí poder. No para cambiar el mundo. Mira que nunca me hizo cosquillas ese plan.
El poder de seguir mejorando y mostrar el camino a otras personas. Un camino simple donde es imposible que no te vaya bien.
Para la flaca, para la gente que amo y para quienes deciden confiar en mí y me dan su energía. Energía en tiempo y dinero.
Si leíste hasta aquí, debes saber que lo domino.
Escribir.
Escriobo y la gente hace cosas.
Escribo y me quedo en la mente de la gente.
Escribo y la gente hace cosas locas, como confiar en un desconocido del desierto.
¿Hasta aquí vamos claros?
– Soy simple y tranquilo.
– Y construyo una vida así.
– Lo hago con mi habilidad de escribir.
– Y muestro a otros cómo hacerlo.
– Gente que amo y la gente que decide darme su dinero por ello.
¿Algo más?
Tengo una newsletter gratuita. Ahí hablo de ventas y vender por escrito.
Te cuento reflexiones que se me vienen en mis caminatas bajo las estrellas, meditando o tomando mates con la flaca.
Ideas que puedes aplicar fast en tu negocio.
Para que tu negocio pase de recoger malezas al aire libre, con 40 grados bajo el sol, a degustar lasagna con aire acondicionado.
Los negocios y la vida son simples.
Y así debe ser tu comunicación también.
Con los ingredientes suficientes para que te recuerden y tomen la atrevida decisión de hacerte caso.
Un primer paso es un ebook que doy de regalo a los nuevos en mi lista. Haces click al final de esta página y te lleva una página donde te muestro 3 hábitos para que seas una máquina de la escritura persuasiva. Habilidad que te acerca a las cenas y el aire acondicionado.
Si te gusta lo que sucede en mi lista de correo, nos vamos leyendo.
Si no, siempre puedes salir.
La puerta estará ahí.
Siempre.
Buonasera
pd: Por cierto, mi nombre es Fernando.